-¿Cree que el desmantelamiento del cepo se hizo correctamente?

-El balance de la medida a menos de dos semanas de su implementación puede ser prematuro, pero resulta claro que era necesaria. En términos técnicos, resalto que se haya hecho tempranamente (cada día de demora costaba US$ 200 millones) y de forma prolija (el dólar no reaccionó desmesuradamente), pero sin stocks garantizados. En términos conceptuales hay tres cosas claras: la primera es que el dólar a $ 9,80 era insostenible; la segunda, que sobre un piso de inflación inercial de 25% es difícil lograr una ganancia cambiaria abultada sin entrar en crisis. Y la tercera, que esto es una película: si no se logra contener la inflación, el dólar que hoy puede parecer adecuado, en seis meses lucirá atrasado.

-¿Un dólar a 13,30 pesos es adecuado o se requerirán futuras correcciones?

-Depende de cómo evolucione la inflación en los próximos meses. Creo que es un error creer, casi exclusivamente, que el tipo de cambio es el único vector de competitividad. Si miramos el conjunto de factores que hacen a la competitividad sistémica observamos que estamos en el puesto 106 entre 140 países. Es necesario prestar atención al resto de los factores que hacen a la competitividad, y que en el largo plazo serán los únicos que permitirán que se alcance el potencial existente en diversos sectores. Me refiero a las cuestiones institucionales (estamos 137° en esta materia) debido a las cambiantes reglas de juego, la eficiencia en la provisión de bienes públicos, la ética, la corrupción, etcétera. Esto al sector público y al privado. Es clave insistir con la reforma tributaria, ya que la actual estructura es distorsiva y asfixiante, y es la que menos incentivo da a la inversión y creación de empleo en el mundo. Otras cuestiones competen a nuestro mercado laboral fragmentado, a la infraestructura obsoleta y a la falta de un mercado financiero desarrollado y accesible.

-Más allá de la coyuntura, ¿cómo ve el rumbo económico?

-El mayor temor es que se consolide un modelo de crecimiento basado en un dólar atrasado, sostenido con ingresos financieros y deuda externa. La eliminación de los encajes a ingresos financieros, la no intervención del BCRA para sostener el dólar y la velocidad en retomar las negociaciones con los holdouts fueron indicios de ello. Esto no significa que el equipo económico tenga este esquema en la cabeza, pero la tentación de los dólares financieros y deuda externa es alta, ya que permite administrar las correcciones con menor costo, pero también barrer los problemas debajo de la alfombra. Si caemos en esa tentación sin atender la competitividad sistémica, posiblemente crezcamos un tiempo, pero de forma despareja y sin marchar hacia el objetivo de “pobreza cero”.

El autor es economista y diputadopor el Frente Renovador

Por: Marco Lavagna
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