La parálisis en el consumo interno y el aumento desmedido de los costos operativos han consolidado un escenario crítico para el ecosistema PyME. Si las pequeñas y medianas empresas dejan de vender, el motor productivo del país se detiene, comprometiendo la sostenibilidad del empleo formal y la reactivación económica para 2026.
El entramado de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES) en Argentina atraviesa una de las etapas más complejas de la última década. Lo que comenzó como una desaceleración en el consumo se ha transformado en una “recesión silenciosa” que amenaza con desarticular el tejido productivo nacional. Cuando una PyME deja de vender, no solo se afecta un balance contable; se rompe el ciclo de inversión, se pone en riesgo el empleo y, fundamentalmente, se detiene el crecimiento del país.
El diagnóstico de un sector en emergencia
Durante el último año, la combinación de una inflación persistente y la pérdida del poder adquisitivo ha generado una contracción drástica en la demanda. Según datos del Radar PyME de la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales (ENAC), el 40,4% de las empresas reportó ventas “malas” o “muy malas” hacia finales de 2025, con caídas superiores al 10% en unidades vendidas.
Esta situación se agrava al analizar la rentabilidad. Se estima que 6 de cada 10 PyMES operan actualmente sin ganancias, mientras que un 13% de los empresarios advierte que el cierre de sus persianas es una posibilidad inminente antes de finalizar el ciclo actual.
El cierre de más de 12.000 unidades productivas en el último período es una señal de alerta que el mercado no puede ignorar.
Factores que profundizan la crisis: costos vs. precios
El sector emprendedor y las startups manufactureras se enfrentan a una “tormenta perfecta”:
- Desfase de costos: Mientras la inflación oficial muestra signos de desaceleración en ciertos sectores, los costos operativos de las PyMES (energía, logística y salarios) han crecido a un ritmo que triplica los índices de precios al consumidor en rubros específicos.
- Capacidad ociosa: El aparato productivo nacional opera hoy al 54,6% de su capacidad. Este nivel de subutilización es alarmante, ya que se sitúa por debajo del umbral del 60% necesario para que una industria se considere saludable y sostenible.
- Competencia importada: La apertura comercial, en un contexto de falta de competitividad interna y ausencia de crédito productivo, ha dejado a la industria local en una posición de vulnerabilidad frente a productos subsidiados del exterior.
El rol de las PyMES como motor del PBI
Las PyMES representan más del 90% de las unidades productivas en Argentina y son responsables de aproximadamente el 64% del empleo privado formal. Su importancia trasciende lo numérico: son las encargadas de la distribución federal de la riqueza y de la innovación en economías regionales.
Cuando la PyME deja de vender, el país deja de crecer porque se interrumpe la cadena de pagos y se detiene la inversión en bienes de capital. La falta de un plan de transición y la ausencia de financiamiento a tasas razonables obligan a los empresarios a liquidar stocks para sobrevivir, en lugar de producir para crecer.
Perspectivas para el ecosistema emprendedor
A pesar del leve repunte estacional registrado en las ventas minoristas al cierre de 2025 (impulsado por las fiestas y el aguinaldo), la tendencia estructural sigue siendo de cautela. Los analistas coinciden en que para revertir esta recesión silenciosa se requieren políticas públicas que fomenten la demanda interna y alivien la carga tributaria que asfixia a los pequeños contribuyentes.
La reactivación económica de 2026 dependerá, en gran medida, de la capacidad del Estado y del sector financiero para devolverle la liquidez a las PyMES. Sin un fortalecimiento del mercado interno, la recuperación será solo un rebote estadístico que no llegará a la economía real de los argentinos.
