Los intentos fallidos se acumulan en la economía local, pero Alfonso Prat-Gay apuesta a revertir la historia; las claves de ayer a hoy.

 

Comenzó la cuenta regresiva. A mediados de este mes, el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, avanzará con el proyecto de pacto social. La iniciativa pasa por convocar a una misma mesa a los referentes empresarios, sindicales y del Gobierno para discutir los temas de fondo que permitan revertir el repliegue que sufrió la economía local durante los últimos cuatro años.

La apuesta es revertir una historia de intentos fallidos. De hecho, fue en 2007 cuando Cristina Kirchner había lanzado su candidatura para las elecciones, y en su primer discurso de campaña afirmó que hacía falta un acuerdo de tres patas: empresarios, trabajadores y Estado. Un acuerdo que nunca se concretó.

En 2009 una comitiva de la Unión Industrial Argentina y de la CGT acompañó al gobierno de entonces a España para reunirse con el Consejo Económico y Social. Juan Carlos Lascurain (UIA) y Hugo Moyano (CGT) regresaron con la idea de crear una entidad similar, pero eso tampoco prosperó.

En 2011 fue el por entonces vocal de la UIA, Juan Carlos Sacco, quien disparó: “Si no nos apuramos van a comenzar las pujas distributivas descontroladas”. Se refería así a la necesidad de conformar una mesa tripartita para poner metas concretas que redujeran las disputas entre sectores.

Luego de la reelección de Cristina, Guillermo Moreno, por entonces secretario de Comercio, y Débora Giorgi, que era ministra de Industria, fueron las espadas que tampoco lograron implementarlo.

“La referencia más obvia a las políticas de precios y salarios son los planes de los años 80 que en la Argentina estuvieron representados por el Plan Austral y el Plan Primavera; en Brasil, por el Cruzado y el Real, y en la región se produjeron infinidad de ejemplos”, recuerda Eduardo Levy Yeyati, economista de la Universidad Di Tella.

Se trata de lo que él denomina “un acuerdo de caballeros en moderar subas de precios y salarios basados en el entendimiento de qué es beneficioso para todos”. Sin embargo, recuerda que “en los 80 fracasó porque el déficit crónico obligaba al gobierno a pedir dinero al Banco Central. y tarde o temprano las cuentas no cerraban. Por entonces ese déficit reflejaba también el servicio de deuda externa”.

Pasado reciente

El principal antecedente local de un pacto de este estilo se firmó el 6 de junio de 1973 durante el gobierno de Héctor Cámpora y fue refrendado por la CGE y la CGT, con el nombre de Acta de Compromiso Nacional. El arquitecto fue el ministro de Hacienda y Finanzas, José Ber Gelbard. El objetivo, por entonces, era frenar la inflación, contener las demandas de ajustes salariales y el aumento de los precios. La intención era que se acabaran los conflictos.

Pareció funcionar por un tiempo, impulsado por la vuelta de Juan Domingo Perón al poder, pero se derrumbó tras su muerte. La situación llevó a una importante crisis económica, con inflación y desabastecimiento.

“La coordinación de una política de precios y salarios permite bajar la inflación sin necesidad de enfriamiento de la economía. Pero es clave tener algún mecanismo o indicación del Banco Central sobre cuál es el recorrido de la inflación y el tipo de cambio a futuro para que las partes orienten lo que va a ocurrir”, agrega Levy Yeyati.

Más en un contexto en el que la inflación va a ser mayor que la proyectada para los próximos meses. “El gobierno nos va a tener que convencer de que la inflación bajará en un contexto en el que los números no lo muestran”, dispara un delegado sindical que espera el llamado para mediados de este mes.

Las causas por las que los acuerdos sociales quedan en buenas intenciones pero en pocos resultados concretos son recurrentes. En 2011 fue porque los actores protagónicos sentían que no había necesidad de implementarlo. Los gremios tampoco querían avanzar en un acuerdo de este tipo, ya que su poder de negociación había aumentado considerablemente. “Después fue la crisis global la que reinstaló el tema y la que también terminó de aumentar la grieta al momento de buscar soluciones compartidas”, suma un empresario que estuvo en el último llamado de Moreno. Hubo declaraciones, comunicados y reuniones, pero ningún resultado. Ahora, inflación y divisiones mediante, varios son los puntos que se deben considerar.

La reunificación de la CGT puede actuar como una solución para tener un interlocutor válido desde el sector gremial.

En el mapa empresario la división tampoco hace a la fuerza. En la Argentina no existe una ley nacional de cámaras. Convive un universo altamente fragmentado con más de 900 entidades, 103 socios promedio y “numerosas superposiciones” a nivel sectorial, regional y por producto. La brecha es tan amplia que existen instituciones con sólo dos socios y otras en las que hay más de 4613, según el último estudio realizado por el IAE. Los sectores están representados por múltiples espacios nacionales, provinciales y regionales que repiten las misiones, objetivos y funciones y en los que elegir a los referentes no será tarea sencilla.

La agenda pendiente de la mesa se diferencia según la silla que se ocupa. Para los empresarios, el tema de salarios y precios debe ser la prioridad; para los sindicatos, la negociación salarial ni debería figurar entre los puntos a debatir, y para el Gobierno, el objetivo es revertir una historia de buenas intenciones y pocos resultados.

Por: José del Rio
http://www.lanacion.com.ar/1858568-pacto-social-esta-vez-sera-la-vencida

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