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Lluvias, tráfico y alta demanda: cómo evitar una “tormenta” para la última milla

CIUDAD DE MÉXICO – La temporada de lluvias pone presión sobre las principales ciudades del país. Para la logística urbana, una lluvia intensa puede modificar rutas, alterar tiempos de entrega, incrementar intentos fallidos y reducir la predictibilidad de toda la operación de última milla.

Ilan Epelbaum, director general de Mail Boxes Etc. México, advierte que el reto de la temporada no consiste únicamente en entregar bajo la lluvia, sino en sostener la eficiencia logística cuando coinciden tres factores: clima adverso, alta demanda y ciudades con movilidad compleja.

“En temporada de lluvias, el problema para la última milla no empieza cuando cae el primer aguacero. Empieza cuando una operación diseñada para condiciones promedio se enfrenta a una ciudad que cambia en cuestión de minutos. Cuando el clima se vuelve más variable, la última milla no puede depender únicamente de rutas fijas, tiempos promedio o promesas de entrega diseñadas para días sin contingencias”, explica Epelbaum.

El antecedente inmediato es relevante. En 2025, la Ciudad de México registró 894.1 milímetros de precipitación acumulada anual, con meses particularmente intensos como junio, agosto y septiembre. Jalisco acumuló 927.1 milímetros durante el año y Nuevo León 441.7 milímetros, de acuerdo con datos del Servicio Meteorológico Nacional y la Comisión Nacional del Agua. ​

La presión se vuelve mayor porque la demanda digital no se detiene; cada vez más consumidores esperan seguimiento de sus pedidos y trasladan al canal digital una expectativa de inmediatez que no desaparece cuando llueve.

“La expectativa del consumidor sigue siendo recibir bien, recibir a tiempo y tener claridad sobre su pedido. Lo que cambia en temporada de lluvias es la complejidad para cumplir esa promesa. Por eso, la última milla necesita operar con mayor anticipación, comunicación más clara y opciones más flexibles de entrega”, señala Epelbaum.

Para Epelbaum, la logística urbana ya no debe entenderse como una sola ruta entre vendedor y domicilio, sino como una red de alternativas que permite reducir fricción cuando la ciudad se complica.

“Cuando hay lluvia, tráfico y alta demanda, cada intento fallido cuenta. No se trata solo de poner más unidades en la calle, sino de diseñar una operación que pueda adaptarse: puntos de recolección, horarios más realistas, comunicación preventiva y mayor coordinación entre quien vende, quien entrega y quien recibe”, añade.

La conversación es especialmente relevante en 2026 porque la temporada de lluvias coincide con un verano de alta actividad urbana por el torneo internacional de futbol, con sedes mexicanas en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. ​

En ese contexto, las empresas que venden en línea enfrentan un desafío que va más allá de la paquetería: preparar inventarios, cuidar empaques, ajustar ventanas de entrega, anticipar zonas de riesgo, comunicar posibles retrasos y ofrecer alternativas al consumidor. En temporada de lluvias, la experiencia post-compra puede deteriorarse no solo por una demora, sino por falta de información, daños en el paquete o incumplimiento de tiempos previamente prometidos.

Ese punto, Epelbaum destaca los datos recopilados por la AMVO. Entre los principales puntos de molestia del consumidor durante el proceso de entrega están que la compra llegue dañada o maltratada, con 45%; que no se cumplan los tiempos indicados en la página, con 38%; y que la compra llegue incompleta, con 33%. ​

Epelbam indica que la principal oportunidad está en pasar de una logística reactiva a una logística preventiva. Esto implica planear rutas considerando variabilidad climática, usar información territorial para identificar zonas con mayor probabilidad de afectación, ajustar expectativas de entrega en tiempo real, fortalecer la comunicación con el cliente y diversificar los puntos de entrega o recolección.

La temporada de lluvias de 2026 será, en ese sentido, una prueba de madurez para la logística urbana. No porque cada “tormenta” represente una crisis, sino porque cada episodio de lluvia revela qué tan preparada está una operación para funcionar cuando la ciudad deja de comportarse como estaba previsto.

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