Mi abuelo era un hombre de hondos sentimientos y profundas reflexiones. Guardaba en sus palabras ese viejo aire de campo: aprendizajes quizás de su juventud en la isla de Sicilia.

 

Muchas de sus reflexiones, dichos y proverbios evocaban lo cotidiano, lo obvio, y creo que en esa obviedad aparece lo sabio, pienso que muchos de sus dichos los inventaba él con un cierto humor acido que más de una vez me arrancó la reflexión y el pensamiento, y claro también la risa. Hay uno en particular el cual estuve pensando largamente entre ayer y hoy, en especial al ver las diversas dificultades que los humanos enfrentamos. En cierta ocasión, siendo yo un adolescente, hice un comentario algo duro sobre un conocido, yo no comprendía como no se hacia cargo de cierta situación a mi parecer necesaria, y resolvía su problema de una forma coherente. Cuando mi abuelo me escuchó, lejos de reprenderme o apoyarme, dijo: “Solo el cucharón sabe bien cuán caliente está la olla”. Sus palabras fueron de todo menos esperadas. Lo dijo en su dialecto siciliano, el cual yo comprendía poco. Lo repetí varias veces hasta asimilar su significado. 

Más allá de la simplicidad que encierra este viejo dicho, evoca a su manera, la imposibilidad fáctica de vivir lo que el otro vive. Nadie puede sentir ni experimentar lo que nosotros o los otros experimentan en una circunstancia dada, en un momento determinado.

¿Cuántas veces opinamos sobre lo que otro debería hacer o dejar de hacer ante ciertas circunstancias? ¿Cuántas veces nosotros fuimos “victimas” de la opinión fría de alguien, que con aire superado, nos dijo que debíamos hacer? ¿Cuántas otras escuchamos esas opiniones que se lanzan con tono de verdad incuestionable y de obviedad.? 

 

El mundode los juicios está relacionado con nuestra manera particular de pararnos ante la vida, de observar las cosas, de mirar la realidad. Con nuestras opiniones adoptamos una posición ante lo que acontece. Sin embargo, cuando emitimos juicios también etiquetamos, enfrascamos, encajonamos al otro, lo privamos de su devenir cristalizando su vida y condensándola a una simple foto instantánea de un momento o una circunstancia dada.

___________________

 Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente

William Shakespeare

_____________________

Ser conscientes de nuestras limitaciones como interlocutores nos permite operar con humildad cuando no somos los involucrados directos de los acontecimientos.Cuando lo que sucede nos toca por el relato y vivencia de otros, necesitamos mucha modestia y humildad para que su experiencia nos permee, nos toque, nos vibre y por ende podamos tener esa empatía que hace la diferencia. Cuando logramos ese nivel de relación podemos ser conscientes tan solo por acercamiento distante de cuan ‘caliente está la olla’ para esa persona, y por ende experimentar en nuestro cuerpo y alma las emociones, sensaciones y sentimientos, en un grado mínimo, como un murmullo tenue,  con colores difusos. 

Este tipo de empatía es la que se necesita para hacer Coaching de manera profesional,sin juicios ni opiniones. Sabiendo que cada persona debe revolver su propia hoya caliente, el coach la ayuda para que pueda revolver más profundo, más protegido, para que encuentre nuevas herramientas que le permitan enfrentarse a su propia situación particular.  Un coaches alguien que puede ayudarte a descubrir las mejores formas de revolver, acordea tu potencial, a tus habilidades. 

 

Muchas veces el otro solo necesita sentir que LO Sentimos a Él y no que solo lo sentimos’, quizás la frase más apropiada sea “te siento” y no “lo siento”. 

 

Cada uno con el cucharon que le tocó revolverá su olla. La responsabilidad de enfrentarse a los aciertos y desaciertos es individual y es parte de hacernos cargo del acto maravilloso de vivir.

 

Related Posts

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *