“Deme el gusto antes de que termine el año -dijo el Gurú de la cortada de la calle Estomba-. Ya que no lo hizo en 2015, ¿por qué no inicia el año con un texto dedicado a los institucionales de las empresas?”

 

No hubo respuesta, cosa de no quedar como un influenciable, que lo lea en este espacio. He aquí esas líneas prometidas.

Los hombres y las mujeres que están en el mundo de las relaciones institucionales de las empresas tienen sus bemoles. Desconocidos hasta no hace tanto, tomaron un rol preponderante en las últimas dos décadas. Hoy día, la mayoría tiene reporte directo al CEO y consolidaron un rol clave en las estructuras modernas.

Para aquellos que no los tengan en su álbum de figuritas, son quienes delimitan -y muchas veces ejecutan- la estrategia de relacionamiento con agentes externos como la comunidad, el periodismo y los distintos niveles de gobierno. Además, suelen estar también a cargo de las comunicaciones internas de las empresas, función que suelen disputarse por lo bajo con sus primos de recursos humanos.

En su relación con el periodismo, esta especie corporativa tiene una característica: son tremendamente desconfiados del correo electrónico. Pese a estar comunicados por modernos aparatos con 4G (requisito de base para ejercer el cargo) los “institucionales” han desarrollado una manía que hace las veces de reaseguro. Inmediatamente después de disparar el mail -en ese mundo los correos se disparan y no se envían- toman el teléfono y chequean las bondades de Internet. “Quería ver si te llegó el correo que te envié”, se escucha del otro lado de la línea. Los mails, generalmente, llegan. Que lo sepan. Sucede que muchas veces no se leen, pero llegan.

Otra característica es que deben no ser propensos a engordar fácilmente. Sucede que en los últimos años “el” horario para establecer relaciones con actores de diferentes sectores (actividad que en el lunfardo se conoce como almorzar) es el mediodía. Las comilonas están a la orden del día.

Los DirCom (como se los conoce) son afables. Claro que los hay de los otros, de los que podrían estar más cerca del limón que de la naranja, pero son los menos. Atentos y simpáticos, siempre tienen a mano algún que otro adjetivo para edulcorar la conversación. Son cultos. Miran series, viajan, comen rico, leen y manejan información variada en esas cabezas multifacéticas. Que lo sepa quien lea esto: si se aburre en una conversación con un DirCom debería pasar por terapia: el problema es usted.

Así como los perros terminan por parecerse a sus dueños, los DirCom tienen alguna tendencia a parecerse a su empresa. En general, la famosa cultura de la compañía anida fácilmente en estos ejecutivos. Saben de relaciones interpersonales, tratan de ser persuasivos y tienen una característica más: le hablan al oído al gran jefe, beneficios de pocos en las corporaciones.

Y hay más, pero no será cuestión de agotar el tema en una nota. Esto es apenas cumplir con un pedido del Gurú.

Por: Diego Cabot
http://www.lanacion.com.ar/1859170-bienvenidos-a-la-fauna-dircom

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