En 2009 lanzaron Maldón apostando a revivir el rubro y hoy facturan $ 6 millones.

 

“¿Juegos de mesa en el siglo XXI?” La reacción de sus padres y amigos no contaba con el romanticismo de los que siguen jugando sobre tableros impresos, ni con los artilugios del marketing que recurre a todo para entrar en los hogares. Los hermanos Candelaria (35) y Agustín (33) Mantilla se lanzaron pese a los malos presagios.

Ella, saturada del trabajo en una agencia de publicidad y él, empleado en una tecnológica, hicieron de un hobbyfamiliar, un negocio. Desde 2009, convirtieron el pasatiempo en trabajo y en una fuente de ingresos que les permitió dedicarse a lo propio: cerrarán el año con una facturación de $ 6 millones. “Habíamos jugado todos los juegos que se podían conseguir en el mercado. No había muchas novedades en juegos de mesa y por eso decidimos hacer el juego que nos gustaría jugar”, cuenta Agustín. Por entonces, el objetivo de recuperar la inversión parecía ambicioso. Fueron $ 100.000 de préstamos familiares.

La ópera prima de Maldón -como llamaron a la empresa- fue “El Erudito”, cuya tirada inicial de 2000 unidades los hizo sentir verdaderos artesanos. “Ordenamos las tarjetas en el living de nuestros padres; la imprenta nos quería cobrar $ 20 por el armado de cada juego, y como nos pareció disparatado, pensamos en hacerlo nosotros. Terminamos ordenando más de 2,1 millones de tarjetas y haciendo turnos con amigos para terminar”, cuenta Candelaria. El esfuerzo valió la pena: la tirada se vendió en menos de 120 días. Supieron, entonces, que lo que suponían era cierto. La gente seguía jugando. Y eso les permitió entregarse al emprendimiento, que no dejó afuera los juegos digitales, en franco crecimiento.

Empezaron con ventas directas online y luego se posicionaron en jugueterías, librerías y supermercados. De a poco, se fueron profesionalizando. Agustín hizo un curso universitario de dirección de pequeñas y medianas empresas que los ayudó a poner la empresa en orden. “Pero la realidad es que mucho lo fuimos aprendiendo en el manejo diario de la empresa”, dice el emprendedor.

De tercerizar todos los procesos y moverse instintivamente, Maldón pudo montar un taller de armado y embalaje en Palermo (aún no se encargan de la impresión), que les permitió bajar considerablemente los costos. En la pequeña empresa, salvo en las leyes de algunos juegos, ya nada queda librado al azar. Y mucho menos, los contenidos y el diseño. “El contenido y el desarrollo de cada juego nos lleva de 10 a 15 meses; cada uno de nuestros juegos está ilustrado por un artista: Liniers, Tute, Decur, Max Aguirre y otros”, precisa Agustín.

En 2016, Maldón lanzará “La Macarena”, un juego de cartas ilustrado por el artista chileno Montt y “El Ilustrado”, con dibujos de Miguens, basado en los juegos que se publican los domingos en este diario. También pusieron un pie en el sector corporativo, donde “las empresas se valen de los juegos para comunicar conceptos de marcas”, dice Candelaria. La usina didáctica creó entretenimientos de mesa y digitales para empresas como YPF, DirecTV y P&G.

Aunque creen que hay mucho mercado por ganar en el país, los hermanosentrepreneurs planean en expandir su negocio a Chile y Uruguay.

Los números

En ascenso

Cuentan con 6 empleados. Los juegos cuestan de $ 100 a $ 500. Comenzaron con $ 100.000 de préstamos familiares. Este año, proyectan una facturación de $ 6 millones.

Por: Luján Scarpinelli
http://www.lanacion.com.ar/1858423-a-contramano-de-la-era-digital-crean-una-exitosa-firma-de-juegos-de-mesa

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