El lado oscuro de la luna: título de un notable álbum musical del grupo británico Pink Floyd. Temáticas como el conflicto, la ambición, el envejecimiento, son parte de dicho álbum.

Que representa la luna? Que nos inspira? A qué ideas y metáforas da lugar? El amor, la plenitud, los sentimientos puros y positivos se encuentran asociados a ella. Entonces, el lado oscuro estaría relacionado con los sentimientos negativos, el desamor, el poder por el poder mismo.

A partir de estas definiciones, podríamos hablar sobre “el lado oscuro del dirigir?” que aspectos incluiría? Voy a proponer una serie de ideas que sirvan para pensar la gestión cotidiana.

Creerse invulnerable: fundar una empresa, dirigirla, requieren de una alta dosis de capacidad para enfrentar riesgos, cambios permanentes, visión para liderar el grupo humano a cargo, con el cual se llevarán adelante los objetivos y estrategias del negocio. Por lo tanto, es necesario manejar el temor y la inseguridad propia, de modo tal de tomar las decisiones claves que el rol requiere. La contracara es creerse invulnerable, una especie de superhéroe. Muchas veces el éxito, más si es inmediato, es el primer escalón en este sentimiento de invulnerabilidad. Aceptar la propia vulnerabilidad, nos humaniza, permite estar siempre abiertos a nuevas circunstancias, aceptar los errores para  aprender de ellos, incluir la visión de otros para tomar las mejores decisiones.

Sentirse inmunizado: “esto a mi no me va a pasar”, es una frase típica de quien ve la caída de otro colega, y describe la frase inicial: creerse inmunizado. Tenemos que estar alertas: cuando pensamos tener todas las soluciones a mano, si nos molestan las preguntas porque ya tenemos las respuestas, es que estamos gestando el virus de sentirnos inmunizados y más allá del bien y del mal. La experiencia y trayectoria al frente de la empresa nos da sabiduría, pero también puede ser fuente de encierro en las soluciones que fueron exitosas en el pasado, pero no sirven para los problemas actuales, tan cambiantes y desafiantes como la época que vivimos.

Exceso de optimismo y autoconfianza: donde otros ven adversidades, riesgos, problemas, y son conservadores con lo que tienen, los emprendedores y fundadores de empresas ven oportunidades, desafíos, necesitan de la adrenalina típica. El optimismo y la confianza son cualidades esenciales, gracias a los cuales se afrontan dichos desafíos, y los temores e inseguridades naturales que despiertan. El exceso, o sea, creer que “esto no pasa”, “no es así, porque yo lo se, lo viví y lo voy a resolver”, lleva a tolerar solo lo que confirma nuestro saber, y rechazar lo que lo contradice. Nos conduce a decisiones equivocadas, porque exageramos nuestros talentos y perdemos cuotas de realismo necesarias para gestionar. Entonces dejamos de ver los cambios del contexto, lo nuevo, lo que propone la competencia, las crisis, las visiones diferentes a las propias del equipo de trabajo, y nos encerramos en la idea que tenemos, porque nos “enamoramos” de ella. Solo creemos en los indicadores que nos construimos, y ponemos en peligro la empresa.

El poder: la empresa es una organización donde existen jerarquías, niveles de poder y autoridad en la toma de decisiones. Pero sucede que el poder puede actuar como una droga: necesitar de él, que nos lo demuestren a diario, que se valide nuestro liderazgo e influencia sobre otros, que se tome la decisión que proponemos sobre la de otro. Una droga que impide compartir cuotas de poder, que gracias a su gestión, crezcamos en el emprendimiento iniciado. Un sobredimensionado sentimiento subjetivo de poder es fuente de sobrestimación personal, de las propias capacidades, y como consecuencia, se zambullen en empresas imposibles. Sea en el campo que fuere el poder, asumido de este modo, empuja a decisiones erradas. En los tiempo que vivimos, donde las estructuras de gobierno de la empresa se han horizontalizado, los liderazgos informales son fuertes, las comunicaciones internas y el clima son claves para la eficiencia empresaria, es necesario repensar el modo como ejercemos el poder y salir de moldes viejos propios de otras épocas y estructuras.

La transición generacional: la empresa sobrevive a los fundadores…siempre y cuando admitan esta realidad! La transición generacional involucra una serie de factores, desde la propiedad a la transmisión del máximo cargo. Para que el camino, de por si difícil, fuente de conflictos por las circunstancias de vida que significa para cada generación, sea exitoso, requiere de planificación, disposición a trabajar en el tema, comunicación, y aceptación de las etapas de vida de cada uno, priorizando el futuro de la empresa y la familia, por encima de los deseos individuales. Por lo tanto, padres e hijos deben encontrar formulas que aseguren el encuentro de las visiones lógicamente diferentes, conjugadas con las de los empleados no familiares. Es una etapa crítica, donde muchos naufragan, porque más allá de las buenas intenciones, no se acepta el hecho que la empresa sobreviva al fundador.

La soberbia: es un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás, se concreta en el deseo de ser preferido por otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad. Una cosa es el orgullo, por uno, sus capacidades, trayectoria, y otra la soberbia, que presupone una sobrevaloración propia, en contraposición a la descalificación de los otros. Es la creencia de que todo lo que se posee es superior. Su consecuencia, la descalificación: así, perdemos del aporte indispensable de los colaboradores, y de las señales del mercado y contexto donde actuamos. Se cree capaz de hacer cualquier cosa por encima de los demás e incluso de sus propias posibilidades, de las circunstancias o mejor dicho los contratiempos que se presenten. O sea, lo opuesto a lo que las actuales circunstancias de negocios necesitan. Lo opuesto a la humildad, cualidad de toda sabiduría. 

La soledad: tener la ultima palabra, las decisiones claves, asumiendo el riesgo de las mismas, enfrentan  a la dirección con un aspecto esencial que le es inherente: la soledad. Pero este aspecto no debe llevarnos al aislamiento. La soledad del empresario tiene que ir de la mano con conformar equipos de alto rendimiento y una delegación eficaz, para afrontar del mejor modo posible la complejidad del negocio. Pero sucede que sobre esto, es mas lo que se declama, que lo que efectivamente se lleva a la practica.

La impulsividad: las emociones, los impulsos, son motor indispensable de la vida. Pero puestos en marcha sin filtros, nos llevan  a perder dominio sobre nosotros y el conjunto. Nos hace tomar una decisión hoy, descartarla mañana, ofrecer la opuesta como cierta, desconcertando al equipo de trabajo y sembrando de dudas respecto de la propia autoridad. En particular en épocas de crisis, generan más incertidumbre y hacen perder el rumbo, promoviendo que las personas dejen de participar, ante posibles reacciones emocionales negativas.

El lado oscuro: la luna tiene dos caras, no existe una sin la otra. No se trata de inhibir o eliminar sentimientos o tendencias naturales. Como todo en la vida, es cuestión de dosis: una dosis adecuada salva, en exceso enferma. Tenemos que estar alertas, no cerrarnos y cuidar de mantener un equilibrio siempre inestable entre las dos caras de la luna.

 

Néstor Rabinovich

Consultor de empresas

www.rabinovichasesor.com.ar

 

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