Por Sergio López – CEO en Addquity Growth Capital
En un contexto de crisis como el que vivimos, y en el intento en el que nos encontramos de cambiar nuestro modelo productivo, han surgido, con el trabajo incansable de muchos, numerosas iniciativas de apoyo a los emprendedores y startups, con entidades públicas y privadas que están apoyando d

Por Sergio López – CEO en Addquity Growth Capital
En un contexto de crisis como el que vivimos, y en el intento en el que nos encontramos de cambiar nuestro modelo productivo, han surgido, con el trabajo incansable de muchos, numerosas iniciativas de apoyo a los emprendedores y startups, con entidades públicas y privadas que están apoyando decisivamente estos proyectos.



Por otro lado, hemos podido constatar de primera mano el tremendo abandono que sufren las pequeñas y medianas empresas ya establecidas entendiendo éstas como empresas de reducido tamaño (hasta 10-15 MM de facturación), generalmente con un núcleo de socios pequeño y en muchos casos familiares.


Es cierto que muchas de estas empresas requieren de una actualización: una modernización que les permita mejorar su competitividad en mercados cada vez más sofisticados.


Empresas ya instaladas, con trayectoria, con una cuota de mercado y ventas recurrentes, parecen un destino de fondos menos arriesgado que proyectos incipientes y startups cuyo índice de fracaso es muy elevado.


Quizás haya algo en nuestra cultura, muy focalizada al éxito rápido y al beneficio exponencial, que no nos permite ver las posibilidades de negocios estables, sólidos, tradicionales… que proporcionarán en el futuro un sistema basado en el crecimiento sostenible.


¿Cómo es posible que la gran parte de las ayudas financieras que se dan en España estén directamente asociadas a empresas vinculadas a la tecnología y la innovación? ¿Por qué ese abandono y falta de interés en esta otra tipología de empresas?


Cuesta entender que hayamos sido capaces de generar un movimiento emprendedor como el que se está produciendo en España y no exista el menor interés en apoyar al tejido empresarial que ya existe en nuestro país.
¿Acaso debemos empezar de cero?


¿Cuántas empresas hay en España que facturan entre 1 y 15 MM de euros? Cuántas posibilidades tienen de mejorar, transformar o internacionalizar su negocio?


Sin duda, en esta travesía en la que estamos inmersos, muchas empresas están abocadas a la desaparición, pues su situación es difícilmente reconducible. Sin embargo, creo que estamos dejando pasar la oportunidad de apoyar empresas que ya tienen presencia consolidada en un mercado, dirigidas por profesionales con experiencia y con potencial de crecimiento por falta de actores que las apoyen.


Y por supuesto hablo de financiación, pero no sólo de eso: hablo de apoyo institucional, de asesoramiento en la expansión, de ayuda en la internacionalización,  de orientación en los procesos de modernización… No olvidemos que se trata de empresas de reducida dimensión que carecen en muchos casos de perfiles especializados, y que no pueden dar el salto sin cubrir esas deficiencias.


En definitiva, no deberíamos dejar la oportunidad de aprovechar el trabajo que tantas empresas han desarrollado en las últimas décadas y que, tristemente, parece estar condenado en favor de la modernidad, la invención y la ola tecnológica, que si bien es importante, no debe ser excluyente.

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