El desarrollo y éxito de las Pyme nacionales debería necesariamente pasar por un proceso de análisis más profundo, con el fin de consolidar aquellas variables estratégicas que en otras latitudes influyeron definitivamente para alcanzar escenarios más prometedores y que les permitieron, en definitiva, generar las condiciones y alcanzar la categoría

El desarrollo y éxito de las Pyme nacionales debería necesariamente pasar por un proceso de análisis más profundo, con el fin de consolidar aquellas variables estratégicas que en otras latitudes influyeron definitivamente para alcanzar escenarios más prometedores y que les permitieron, en definitiva, generar las condiciones y alcanzar la categoría de países desarrollados.


Por nombrar algunas de estas experiencias está Irlanda y Corea del Sur, que basaron su crecimiento sostenido sobre la base de tres pilares importantes: (a) un fuerte impulso a la investigación y desarrollo (I&D), y en especial en la investigación aplicada, (b) el potenciamiento de la capacidad emprendedora a nivel de país, y (c) un apoyo real a las Pyme.
Un breve análisis de nuestra realidad en materia de inversión tecnológica nos demuestra que el país ha invertido en investigación y desarrollo en promedio, durante la última década, del orden de un 0,6% de su PIB y que, comparado con Canadá que tiene un 2,07%, nos demuestra la brecha abismante que existe en esta materia. Por otro lado, si quisiéramos buscar otro indicador, como por ejemplo la inversión en I&D por habitante, en Chile en el año 2004, comparado en igual periodo con los Estados Unidos, veríamos que nuestro país tiene U$ 40,06 por habitante, en relación con el país del norte que tiene de U$ 1.021,8. Obviamente que la comparación entre el país del norte y nosotros no tienen ninguna relación, ya que la brecha es abismante, pero sin embargo, si uno ve las frías estadísticas, su inversión en I&D tiene un aumento sostenido en el tiempo y nosotros en cambio nos hemos quedado estancados.

Por otro lado, un interesante análisis de la realidad nacional en cuanto a la variable tecnológica de las empresas emprendedoras, llevada a cabo por el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), en su Reporte Nacional de Chile 2009, nos entrega algunas cifras que debería llevarnos a ponderar con objetividad la situación actual de los emprendedores nacionales y en especial en el sector de las Pyme. Esta variable es clave en el nivel de competitividad que requiere el país para enfrentar un desarrollo perdurable en el tiempo.

Estas cifras nuevamente nos muestran que tan sólo un 11,2% de las empresas, en sus etapas iníciales, reconoce que tiene tecnologías de punta en los procesos que utiliza y que, por otro lado, solamente un 5,6% de las ya establecidas reconoce que utiliza tecnologías recientes. La conclusión es que estamos muy lejos de lograr ventajas competitivas que sustenten un escenario prometedor para lograr un mayor desarrollo económico.

Para reafirmar la falta, a nivel de país, de una política científica y tecnológica, de igual forma, tristemente vemos que el 83% de las empresas establecidas reconoce que sus tecnologías son tradicionales, quedando sin lugar a dudas, la sensación que algo debemos hacer al respecto.

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